¿Cree que Guilty Crown esté partiendo del cliché para luego sacar el mayor provecho posible? ¿Cuál es su opinión sobre la serie?

Pienso que muchos anime-fans ya trabajan como “detectives del cliché”. Parece que sólo para eso ven anime: para detectar estereotipos, criticarlos a granel y luego… seguir buscando más. Si ves anime por largo tiempo, en algún momento te darás cuenta no sólo de que las ideas se repiten sino que, en casi medio siglo de historia, son cinco o seis “ideas primarias” las que han dado forma a todos y cada uno de los productos que el medio genera.

Lo interesante del juego es ver más allá de eso, más allá de los necesarios lugares comunes, donde está la voz y la propuesta de los creadores. Una voz y una propuesta que no siempre se traduce en diálogo, sino también en imágenes y sonido. A veces obvias, a veces muy sutiles. Pero ese es tu trabajo: encontrar al creador. Y nadie más puede hacer ese trabajo por ti.

Dicho esto, me parece que Guilty Crown es lo que Production I.G. necesitaba con urgencia: una producción que no remara contra corriente, sino que la aprovechara para hacerse valer. Durante mucho tiempo, I.G. fue tenido (al menos, en occidente) por el mejor exponente del anime “serio”, del anime “con valor”. Tanto, que parece que se lo acabaron creyendo y empezaron a ofrecer propuestas para públicos cada vez más cerrados. Propuestas que, al menos desde BLOOD+, empezaron a alejarse más y más no sólo del público en general, sino hasta de los mismos anime-fans. Y no es que series como Le Chevalier D’Eon, Sisters of Wellber, Ghost Hound, Real Drive, Toshokan Sensou o la gloriosa Seirei no Moribito no sean buenas propuestas. Lo son, pero eso no basta para que el estudio salga adelante, y lo cierto es que todas esas producciones prácticamente pasaron de noche.

Las únicas producciones recientes de I.G. que han hecho ruido son Kimi ni Todoke, Usagi Drop, Sengoku Basara y Higashi no Eden. Dos adaptaciones de un manga, una adaptación de un videojuego y un proyecto original cuyo principal atractivo (para el público en general) fue la participación de una popular mangaka en el diseño de personajes.

¿Qué tienen en común esas cuatro producciones, además de apelar a un público amplio? Que se dejan sentir. Dejan que el público tenga el control. Dejan que los animadores se diviertan con su material. No se “preocupan” por ofrecer algo nuevo, sino por ofrecer algo que llame la atención, algo que haga que el público no se levante de su asiento hasta el final.

I.G. también es (y a muchos se les olvida) un laboratorio de nuevas herramientas y técnicas de producción. En este sentido, Guilty Crown es un bulldozer. Aun en su segundo episodio, prácticamente todos los avances en producción digital desarrollados por I.G. están presentes en Guilty Crown.

La serie es, en mi opinión, la mejor expresión de una lección que a I.G. le ha costado más de cinco años aprender.

La curiosidad mató al Gato