En 2012 se cumplen diez años del estreno de Onegai Teacher y ocho del de Onegai Twins. Dos títulos que, bajo la tutela de Yasunori Ide, Yousuke Kuroda y Taraku Uon, dieron un nuevo aire al romance juvenil.
La premisa tanto de Onetei como de Onetwins es audaz. La primera, el estrecho vínculo entre un joven “detenido en el tiempo” y su misteriosa profesora. La segunda, el nuevo inicio entre tres adolescentes que buscan reconstruir el pasado a costa del futuro.
Pero lo que vuelve inolvidables estas dos historias y les da un sitio especial en el anime del nuevo siglo es que, por primera vez, hicieron de un escenario real (Lago Kizaki, en la prefectura de Nagano) y de la sensaciones físicas -y emocionales- de la temporada (finales de invierno en Onetei, verano en Onetwins) el punto de partida para abordar una etapa crucial de la adolescencia, donde se descubre y se aprecia la intimidad; donde se empiezan a guardar secretos que, se sabe, tarde o temprano lastimarán a alguien; donde al fin se entiende que el momento es ahora y que el tiempo nunca volverá.
En Onegai Teacher, el amor se reconcilia con los sentidos. Tacto, olfato, oído, gusto, vista… todo es para la persona amada, que es también objeto de deseo.
En Onegai Twins, donde la vida comienza adulta, poco a poco se va dejando un espacio para el azar, saltar sin red, para vivir sin freno a pesar de las consecuencias.
Ocho años después, ahora acompañados por Tatsuyuki Nagai, uno de los directores jóvenes de mayor talento, Kuroda y Uon vuelven a ponerse en sintonía con el universo adolescente sin otro fin que recordar.
Recordar el verano.
Recordar el sol implacable, como piedra sobre tu espalda.
Recordar el encuentro, el primer estrechar de manos.
Recordar el agua fría en tu garganta.
Recordar que mirabas, pero esquivabas su mirada.
Recordar que guardabas las palabras, que dolía.
Recordar que había “algo más”, que el futuro era para siempre.
Kaito Kirishima recuerda en ocho milímetros. Recuerda las calles. Las grandes nubes del verano que acaba de comenzar. Con su vieja cámara, Kaito rescata el tiempo, cualquier tiempo. Recordar por recordar.
Hasta que llega Ichika.
Y de pronto, hay algo que vale la pena recordar por siempre.
Anime es juventud. Se alimenta de juventud. Transmite juventud.
Ano Natsu de Matteru es una historia de juventud. De ese “otro yo”, que hoy yace bajo toneladas de polvo y cinismo. Ese “otro yo” que tantos problemas nos trajo, del que nos arrepentimos y avergonzamos.
Ese “otro yo”, el original, para el que la vida estaba en otra parte.
Quizá sea momento de darle otra oportunidad.