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Didn’t I tell you everything is possible in this déjà vu?

Try the river boat,
the carousel,
feed the pigeons,
Bar-B-Q.

Look at all the people, happy faces all around.

Smiling,
throwing kisses,
busy making lazy sounds

It’s a bright June afternoon, it never gets dark.
Wah-wah! Here comes the sun.

Get your green, green tambourine, let’s play in the park.
Wah-wah! Here comes the sun

Some folks are on blankets, slowly daydreaming
and reaching for their food.

Let’s go buy an ice-cream and a magazine with an attitude

And put on a cassette, we can pretend that you’re a star
‘cause life’s so very simple
just like la-la-la

It’s a bright June afternoon, it never gets dark.
Wah-wah! Here comes the sun.

Get your green, green tambourine, let’s play in the park.
Wah-wah! Here comes the sun

There’s a painter painting his masterpiece.
There are some squirrels jumping in the trees,
There’s a wide-eyed boy with a red balloon.

All my life I’ve longed for this afternoon.

It’s a bright June afternoon, it never gets dark.
Wah-wah! Here comes the sun.

Get your green, green tambourine, let’s play in the park.
Wah-wah! Here comes the sun

It never gets dark.

Let’s play in the park.

Let’s play in the park.

Here comes the sun…

— June Afternoon (1996), Roxette.

mikirin:

"I want the person I love to be smiling!"

mikirin:

"I want the person I love to be smiling!"
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Adolescente

¿Yo, adolescente?
Si de repente, aquí, ahora, se plantara ante mí,
¿tendría que saludarla como a una persona próxima,
a pesar de que es para mí extraña y lejana?

¿Soltar una lágrima, besarla en la frente
por el mero hecho
de que tenemos la misma fecha de nacimiento?

Hay tantas diferencias entre nosotros
que probablemene sólo los huesos son los mismos,
la bóveda del cráneo, las cuencas de los ojos.

Porque ya sus ojos son como un poco más grandes,
sus pestañas más largas, su estatua mayor
y todo el cuerpo recubierto de una piel
ceñida y tersa, sin defectos.

Nos unen, es cierto, familiares y conocidos
pero casi todos están vivos en su mundo,
y en el mío prácticamente nadie
de ese círculo común.

Somos tan diferentes,
pensamos y decimos cosas tan distintas.

Ella sabe poco,
pero con una obstinación digna de mejores causas.

Wisława Szymborska (2009).

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En 2012 se cumplen diez años del estreno de Onegai Teacher y ocho del de Onegai Twins. Dos títulos que, bajo la tutela de Yasunori Ide, Yousuke Kuroda y Taraku Uon, dieron un nuevo aire al romance juvenil.

La premisa tanto de Onetei como de Onetwins es audaz. La primera, el estrecho vínculo entre un joven “detenido en el tiempo” y su misteriosa profesora. La segunda, el nuevo inicio entre tres adolescentes que buscan reconstruir el pasado a costa del futuro.

Pero lo que vuelve inolvidables estas dos historias y les da un sitio especial en el anime del nuevo siglo es que, por primera vez, hicieron de un escenario real (Lago Kizaki, en la prefectura de Nagano) y de la sensaciones físicas -y emocionales- de la temporada (finales de invierno en Onetei, verano en Onetwins) el punto de partida para abordar una etapa crucial de la adolescencia, donde se descubre y se aprecia la intimidad; donde se empiezan a guardar secretos que, se sabe, tarde o temprano lastimarán a alguien; donde al fin se entiende que el momento es ahora y que el tiempo nunca volverá.

En Onegai Teacher, el amor se reconcilia con los sentidos. Tacto, olfato, oído,  gusto, vista… todo es para la persona amada, que es también objeto de deseo.

En Onegai Twins, donde la vida comienza adulta, poco a poco se va dejando un  espacio para el azar, saltar sin red, para vivir sin freno a pesar de las  consecuencias.

Ocho años después, ahora acompañados por Tatsuyuki Nagai, uno de los directores jóvenes de mayor talento, Kuroda y Uon vuelven a ponerse en sintonía con el universo adolescente sin otro fin que recordar.

Recordar el verano.

Recordar el sol implacable, como piedra sobre tu espalda.

Recordar el encuentro, el primer estrechar de manos.

Recordar el agua fría en tu garganta.

Recordar que mirabas, pero esquivabas su mirada.

Recordar que guardabas las palabras, que dolía.

Recordar que había “algo más”, que el futuro era para siempre.

Kaito Kirishima recuerda en ocho milímetros. Recuerda las calles. Las grandes nubes del verano que acaba de comenzar. Con su vieja cámara, Kaito rescata  el tiempo, cualquier tiempo. Recordar por recordar.

Hasta que llega Ichika.

Y de pronto, hay algo que vale la pena recordar por siempre.

Anime es juventud. Se alimenta de juventud. Transmite juventud.

Ano Natsu de Matteru es una historia de juventud. De ese “otro yo”, que hoy yace bajo toneladas de polvo y cinismo. Ese “otro yo” que tantos problemas nos trajo, del que nos arrepentimos y avergonzamos.

Ese “otro yo”, el original, para el que la vida estaba en otra parte.

Quizá sea momento de darle otra oportunidad.