(Source: ookamiqueen, via cherry-chan)
ひとりじゃない
Todo shounen-manga sigue una misma insignia: “quiero ser más fuerte, quiero ser el más fuerte”. El objetivo es la forma, y por ésta no paramos en variedad, pero esa necesidad, esa fuerza que lleva a los protagonistas a llevar cuerpo y mente más allá de lo posible es el motor de este pilar.
A pesar de su popularidad, hay un elemento en estas historias del que en pocas ocasiones se hace mención: el momento en que el protagonista reconoce que, no importa que tan grande sean su voluntad y sus fuerzas, hay cosas que siempre escaparán de sus manos, cosas que nunca podrá cambiar.
Pero hay otro elemento, aún más crítico, cuando el héroe observa (primero con horror; luego, con resignación) que, con cada villano que ha derrotado, una parte de ellos empieza a habitar en él. Como semillas. Potencial cosecha de rencor, odio, desesperación y muerte.
Por supuesto, la virtud del héroe consiste en superar este obstáculo de dos formas: purgando su espíritu de toda esa oscuridad o, de lo contrario, aceptando las consecuencias del “último sacrificio”.
Pocas veces lo anterior se ha hecho tan evidente como en el octavo opening de NARUTO -Shippuuden-, a cargo de Toshiyuki Tsuru y en perfecta sincronía con Diver, de NICO Touches the Walls.
La secuencia es un poderoso y breve monólogo interno. A lo largo de más de 500 capítulos en manga y más de 400 episodios en anime, NARUTO es la historia de un hombre luchando paso a paso (a veces ganando, otras muchas no) contra el odio y la furia que amenazan con infectar su corazón, el odio y la furia de quien lo tiene todo y empieza a perderlo a cuentagotas, con todo el dolor como de quien pierde una a una partes de su cuerpo…
En pocos segundos Naruto se deja vencer, reconoce que nunca podrá evitar que sus peores pesadillas se hagan realidad, reconoce que su destino es el destino de todos los hombres.
Inminente final que no se consuma. Inminente final que no se consuma por causa del recuerdo, de los momentos, del sentido que sólo se deja ver entre manos entrelazadas, entre miradas cómplices, entre cuerpos que -sólo juntos- logran mantenerse en pie.
Naruto Uzumaki se levanta, más fuerte que nunca. “Más fuerte”, digno del paso del héroe, pero más unido que nunca a ese mundo y esas voces que le han llevado hasta este momento.
Sin odio. Sin rencor.
Momento infinito.
Sin deseos de venganza.
Momento del golpe final.







